
Queridos todos:
Os reproduzco la carta despedida a los capataces de la Hiniesta el año que me despedía. Aunque lógicamente se trata de un documento personal propiedad de ellos, dado su interés en que se publicara en el Boletín y siendo además nuestro Blog un foro familiar y privado, pues la doy a conocer para enriquecer nuestro archivo familiar.
Un abrazo a todos
" Era el 4 de Abril de 1982. Todo el día el cielo había estado encapotado y amenazando la más temida desgracia de un cofrade en día de salida, la lluvia. Pero la Hiniesta salió; sin embargo, en la calle Alemanes sucedió lo que se temía, empezó a llover como si antes nunca lo hubiera hecho y la voz de Fernando Moreno sonó impetuosa: izquierda adelante, derecha atrás. El paso se volvió sobre si mismo y regresó a la Catedral en una chicotá impresionante y arrolladora. Debajo, en las entrañas del paso, justo bajo la peana de la Magdalena, un joven, novato, y porqué no decirlo, asustado costalero que se estrenaba en lances de trabajadera apenas acertaba a dar tres pasos al tiempo que sus compañeros daban uno sólo en larga zancada de paso de lluvia. Aquel costalero era el que esto escribe y han pasado ya veinte años.
Veinte años y muchas largas chicotás, lluvias y peripecias de todo tipo. De llorar de emoción con mis compañeros y también de pasarlas canutas. Hoy, la experiencia me ayuda a que el paso largo y racheao me salga casi atomático, fruto de la intensa concentración y el temple de los años me anima arecibir los kilos tranquilo y sin miedo. Pero esa misma experiencia y ese mismo temple me anunacian también que ha llegado la hora del adiós. Un adiós con tristeza, desde luego, pero también sin ira. Un adiós autoimpuesto. Una decisión que os aseguro largamente meditada, atendiendo a las circunstancias que nos va trayendo la vida. La edad, la familia, tantos años bajo las trabajadoras y la impaciencia de las nuevas generaciones de costaleros me hicieron plantearme que había llegado el momento, que nada es eterno y esto del costal también tiene principio y final, y al fin y al cabo, otros nuevos costaleros, quizá algún joven lleno de ganas e ilusión, igual que yo lo fui, pueda ver cumplidos sus sueños.
Os escribo estas líneas para aseguraros que me voy lleno de cariño, amistad, respeto y admiración por mis compañeros, por vosotros mis capataces y con la eterna devoción a la cofradía de la Hiniesta y al Cristo de la Buena Muerte. Ser costalero de la Hiniesta es ya una parte de mi vida que siempre formará parte de mí y de la que siempre estaré orgulloso. Mi alma y mi corazón se han quedado para siempre en un pequeño trozo de madera, la corriente de la tercera trabajadora del paso de Cristo de San Julián..
No fue en esta cofradía donde aprendí a amar la Semana Santa. Ni siquiera pensaba que un día sería costalero. Siempre establecí un símil entre mis Hermandades del Museo y de la Hiniesta. La una era la Madre y Señora donde nací a la Semana Santa, y la Hiniesta, a la que llegué en mi primera juventud aún llena de sueños adolescentes, fue como la novia que eliges por ti mismo o que, quizás te elige a ti, sin tú saberlo y a la que me entregué sin medida y sin límite sin tener conciencia siquiera del esfuerzo que entregaba en cada levantá.
Doy gracias por lo que se me ha permitido conocer. Estoy en deuda por haber haber tenido un hueco en esta comunidad y espero haber sido digno de la confianza depositada en mí durante veinte años. Hago mías las palabras de Fernando: los costaleros son como los toreros, podrán estar o no estar en activo, pero nunca dejan de serlo.
Sigo siendo, pues vuestro costalero y vosotros mis capataces. Tal vez, no hemos forjado nuestra amistad en las clásicas tertulias, pero habéis sido mi referencia, estando donde teniáis que estar: al martillo poniéndole ojos a la ceguera de los faldones y los respiraderos y dando ánimo y calor cuando ha hecho falta. La voz firme y serena de Fernando y la ronca y vehemente de Guillermo, siguen y seguirán estando para siempre en mis oídos y en mi corazón y seguirán iniciando una chicotá, íntima y sólo mía cuya arriá llegará cuando Él quiera que tenga que llegar, pudiendo entonces tener fe en que la Muerte será Buena y me acompañará envuelta en Hiniesta y retama.
Siempre le he pedido lo mismo al Señor: salud para mi familia y que me ayuda a ser costalero todos lo días, sin faja ni costal. A Él le vuelvo a pedir por un nuevo cofrade, un recién nacido Molino que pronto recibirá las aguas del Bautismo en San Julián y ¿ quién sabe?, quizá algún día en el cuadrante de la Hiniesta vuelva a estar un Molino presente.
No quiero extenderme más que las chicotás largas deben ser medidas y ajustadas y tampoco hay para explicar lo que se siente en este trance. Recibid de nuevo toda mi admiración y respeto y para mi Hermandad mi devoción eterna.
Vuestro en Xto."