Recientemente se ha conocido la decisión de la Hermandad de San Esteban de cesar a los capataces de la cofradía, José Manuel Fernández Navarro, Manuel Arroyo Estévez, Rodrigo Bueno Pérez y Manuel Pérez Ayala y designar a la familia Ariza para sustituirles.Los sucesos acaecidos en la Hermandad de San Esteban a raíz de tal designación no pueden resultar más que indignantes, tristes y decepcionantes.
Aunque no pertenezca a la Hermandad el hecho de que un grupo de costaleros irrumpa en la Casa de Hermandad para “intervenir” en un cabildo, recriminando y hasta insultando a los componentes de la Junta de Gobierno no puede calificarse más que de intolerable e inaceptable.
¿ Cómo puede ser que el Hermano Mayor tenga miedo a ir a la Hermandad, según leo?¿ Cómo es posible que una parte de la cuadrilla se considere en posesión de derecho para llevar a cabo un acto así?. Yo he sido costalero durante 21 años. En todo ese tiempo he aprendido, asumido y aceptado que , desde el momento en que formamos parte de una cuadrilla aceptamos entre otras condiciones la de observar disciplina respecto a nuestro capataz y por supuesto, por extensión a la Hermandad en cuestión y en cualquier caso resultaría impensable que pudiéramos exigir o imponer a la Hermandad tal capataz, tal banda de música, etc..
Tales decisiones competen a la Junta de Gobierno en el ejercicio de sus funciones moderadas debidamente en Cabildos, Juntas de Oficiales, etc. Y no son cosas que se decidan a la ligera ni de un día para otro. Indudablemente se trata de una acumulación de circunstancias que desembocan en la situación final.
Como bien dice el Hermano Mayor en su nota, los costaleros que sean hermanos tienen canales establecidos para hacer oír sus opiniones y sus pensamientos con normalidad y aun cuando sean discrepantes pueden merecer la atención de los dirigentes de una hermandad ya que tal es también parte de su responsabilidad.
El camino elegido les quita toda la razón que alguna vez pudieran haber tenido y además confirma la necesidad de un cambio en la dirección de la cuadrilla a la vista de los hechos.
Pero además quiero llamar la atención en que, como he dicho antes, a estas situaciones no se llegan de momento. Los costaleros, a veces y en algunas hermandades ( no en todas ) han tomado el brazo cuando se les ha ofrecido la mano. Conscientes de que el colectivo tiene su importancia y relevancia dentro de la cofradía suelen prodigarles especial atención. Incluso ( insisto en que no siempre ) se ha utilizado a la cuadrilla de costaleros como grupo de presión en época electoral por si votan a tal o a cual que les vaya a conseguir unas condiciones que ellos desean. Como digo, tales situaciones han llegado a provocar el que se crean con derecho a imponer ciertas cosas.
Pero yo creo que, desde el momento en que nos vestimos de costalero nuestra función está claramente definida y marcada, entre otras cosas por la observancia de la disciplina. Otra cosa es que, en los tiempos que vivimos se dé la oportunidad de hablar, de exponer opiniones, sugerencias o quejarnos si es necesario con más facilidad o flexibilidad que en otros tiempos.
Que se nos ofrezcan homenajes, bienvenidos; que nos reconozcan los años de trabajadera, por su puesto; que nos traten con mimo y cariño, encantados, a nadie le amarga un dulce. Pero cuando llega el día de ensayo y luego el de salida nosotros estamos en nuestro sitio, el capataz en el suyo y la Hermandad en el suyo y a nosotros no nos queda sino obedecer lo que nos mandan.
Recordemos siempre que estos es voluntario y que si no nos gusta, ya sabemos qué es lo que tenemos que hacer. Lo que no tenemos que hacer nunca es exigir, imponer ni insultar o enjuiciar.
Escribo estas líneas desde mi experiencia en el costal y deseando que hechos como este no se repitan en el futuro ni empañen el prestigio de la gente de abajo. Y deseando que San Esteban tenga un cuadrilla y unos capataces a la altura que merece la Hermandad